Equipo Colaborador

Tenía 11 años cuando una doctora de familia vino a verme a casa.

No me encontraba bien. Ella me explicó qué me estaba pasando, me ayudó con los síntomas y, sobre todo, consiguió que me sintiera tranquila y acogida. Me fascinó aquella capacidad de hacer sentir mejor a alguien que se encontraba mal. Ese día se despertó mi vocación.

Mi nombre es Nuria Heredia Olmos. Nací y crecí en Barcelona, y de pequeña era muy alegre y divertida, aunque también muy sensible, y me gustaba ayudar a los demás.

Años después de aquella visita, estudié Medicina y me especialicé en Medicina Familiar y Comunitaria vía MIR dentro del sistema público español, mientras me capacitaba para la investigación médica en la escuela de doctorado de la Universitat Autònoma de Barcelona. Elegí Medicina de Familia porque era la que más se parecía a aquella que me permitía conocer a las personas, acompañarlas con continuidad y dentro de su propio entorno.

Durante mis primeros años como especialista empecé a observar que detrás de muchas consultas, había problemas mucho más complejos, con un componente emocional, familiar, laboral, problemas de alimentación, o situaciones sociales difíciles. En resumen, que la salud rara vez depende de una sola cosa. Había que preguntar, escuchar, relacionar información y todo eso conlleva mucho más de diez minutos.

Aquella sensación empezó a generarme una frustración profesional y personal, que cada vez era mayor, me preguntaba por qué, haciendo lo que me gustaba, y teniendo un buen trabajo, sentía que me faltaba algo. Por ese motivo empecé una búsqueda…

En 2008 inicié un Máster de Homeopatía en la Universidad de Barcelona. Esa formación amplió mi perspectiva, y despertó todavía más mi interés por una visión individualizada de la persona, más allá del síntoma aislado.

Pero seguía percibiendo dos mundos, por un lado, estaba la Medicina Convencional, y por otro, disciplinas complementarias con perspectivas diferentes, que todavía no sabía cómo aplicar.

En mi búsqueda, estudié un Máster  en Medicina Estética, una disciplina que he continuado ejerciendo de manera complementaria a lo largo de los años. Esta decisión me llevaría mucho más lejos de lo que imaginaba y cambiaría la trayectoria de mi vida ya que, debido a que en España no había formación práctica reglada, me trasladé a Brasil, y fue allí donde entré en contacto con la Medicina Antienvejecimiento y Ortomolecular y eso marcó un punto de inflexión.

Fascinada por el país, del que me enamoré irremediablemente, y por haber tenido contacto con estas disciplinas, tiempo después regresé a Brasil, esta vez para trabajar como médica de familia para el sistema público, en las comunidades más desfavorecidas de la periferia de Río de Janeiro. Pude observar una vez más como las condiciones de vida tenían un impacto directo en la salud de las personas y las comunidades. Aquella experiencia cambió muchas cosas en mi vida, en mi perspectiva, en mi forma de pensar… y en mi salud… ya que ocurrió algo: Yo misma empecé a convertirme en esa paciente, comencé a tener dolores musculares y articulares, gané peso, aparecieron episodios de ansiedad y vivía sometida a niveles de estrés muy elevados.

Estando en Brasil, me formé en Medicina Ortomolecular y Medicina Integrativa y Antienvejecimiento con profesionales brasileños que llevaban años trabajando desde estos enfoques. Grandes profesores y profesionales que me hicieron ver que, en realidad, todas las piezas encajaban, que se puede realizar Medicina convencional y a su vez ampliar con técnicas de medicina integrativa.

Empecé a interesarme por la meditación, a modificar algunos aspectos de mi estilo de vida y a aplicar en mí misma parte de aquello que estaba aprendiendo. No hubo cambios mágicos, pero si inició un proceso de mejora.

Al volver a España, continué trabajando con altas cargas de estrés. Tras diferentes etapas entre Barcelona y Canarias, aparecieron crisis de dermatitis, inflamación articular, irritabilidad y otros síntomas. Además, llegó una nueva etapa vital: los cambios hormonales propios de la edad. No te quiero contar el cóctel…

He ido aprendiendo qué cosas podía modificar, cuáles necesitaban tratamiento médico y cuáles debía aceptar y gestionar de otra manera. Poco a poco empecé a sentirme mejor. Más plena. Más libre, y, sobre todo, con una comprensión mucho mayor de mi propia salud. Ahora conozco mejor qué factores me afectan y qué puedo hacer sobre ellos.

Y esa experiencia ha cambiado también mi forma de ejercer. No siempre existe una respuesta sencilla, pero sí creo que merece la pena comprender la historia completa, mirar el conjunto.

Muchos años han pasado desde aquella tarde en que una doctora de familia vino a verme a casa, y, sin embargo, sigo pensando que pocas cosas son tan importantes como encontrarte mal y sentir que tienes delante a alguien que te escucha, intenta comprender qué te está pasando y sabe acompañarte.

Hoy puedo hacerlo desde todo lo que he aprendido durante estos años, desde la Medicina de Familia Convencional, y ampliando la mirada, con herramientas de la Medicina Integrativa.

De esa manera de entender la medicina nace MAGÁNDARA.

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